Contratiempo

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Día ochenta del año nuevo.

En 2017 se estrenó el film Contratiempo, dirigido por Oriol Paulo e interpretado en sus contrapapeles principales por Mario Casas, Bárbara Lennie, José Coronado, Ana Wagener y Francesc Orella.

Un hombre (Mario Casas) despierta en un hotel y a su lado yace asesinada su amante (Bárbara Lennie). Ambos tuvieron hace poco tiempo un infortunado accidente donde murió el joven conductor del vehículo contrario, el cual se han esforzado en ocultar para tapar la infidelidad amorosa del protagonista. La casualidad hizo -sin embargo- que la amante acabara recalando ese mismo día en la casa de los padres del chico fallecido. Ahora, lascontra2 puertas y ventanas de la habitación el hotel están cerradas por dentro y el protagonista lucha por demostrar su inocencia, ayudado por una prestigiosa abogado.

La película tuvo una buena acogida de público, todo y no ser un film de los mejores del género ni -tampoco- de los protagonizados por quienes intervienen en él. Sobresale para mi gusto, sin embargo, la actuación dramática de Ana Wagener. La traigo aquí por que es un buen ejemplo de película enigma que contra3cuida en extremo la perfecta argumentación de cada uno de los giros que va sufriendo la trama; también porque tiene un fin inesperado; y porque es un ejemplo de que, al final, la solución correcta del enigma es la más sencilla.

Una película digna de ver.

 

 

Pagar para esto…

Día setenta y siete del año nuevo.

Cada vez que voy al dentista, como esta tarde, se me vienen a la memoria dos películas. La primera es una comedia  negra a rabiar a pesar del humor que destila: La pequeña tienda de los horrores, se titula.  De ella he visto dos versiones cinematográficas, una del dentistaaño 1960 y las otra de 1986. El segundo film es Marathon man, al que he dedicado un post en este mismo blog. Ya sea en uno u otro film, el dentista (en forma de sádico o de torturador, respectivamente) se presenta como un personaje marcado con el estigma de productor inevitable -y hasta sádico- de dolor. No sólo cuando te maneja la boca, también cuando te extiende la cuenta.

Mi doctora tiene la costumbre de charlarme mientras estoy postrado en ese tecnificado potro de tortura que es el sillón del odontólogo. Lo de que “charlamos” es una figura retórica: yo bien poco digo, más ocupado en prever por dónde me vendrá el siguiente pinchazo o cuando notaré ese dolor frío e incisivo que –según los entendidos- es el más penetrante de cuantos se pueden infligir a un ser humano. Todo ello al tiempo que me aferro compulsivamente de los robustos reposabrazos. Mientras, ella me cuenta esto o lo otro o lo de más allá. Yo, por cortesía y para no aparecer como un gallina redomado, gruño de tanto en tanto y hasta lanzo un gorgoriteo sin gracia que quiero asemejar a risa. Al tiempo, ella se inclina sobre mí, clava sus preciosos ojos verdes en mi boca y me mete dentro sus dedos enguantados. Tira de mis labios, apalanca entre mis dientes y hace rechinar contra ellos el torno, y me lleva casi al ahogo en mi propia saliva, para drenarla en el último segundo,y luego incrustar cuñas sobre las encías, y abultarme los labios con almohadillas de algodón amargo, para luego impregnarme las encías  de una pasta vomitiva. Todo un espectáculo, en definitiva: a veces pienso que me gustaría ver qué cara hago en ese trance. O mejor no.

El caso es que de aquí a unos cuantos días cenaré con un escritor que vino a publicar hace un tiempo una novela ambientada en una casa de citas. Seguro que si le contara la experiencia de hoy, él no dudaría en asegurarme –con el humor que le caracteriza- que el dentista es, entre los profesionales de la medicina, el arquetipo ideal del sadomasoquismo: le pagas para que te aflija. Me quedo con esta idea. Otro día, cuando esté menos dolorido, hablaré de otras clases de sexo.

 

 

 

 

La cigarra y la hormiga.

Día setenta y seis del año nuevo.

Lisardo se jubila. Me lo ha dicho esta tarde, mientras nos tomábamos unas cañas en nuestro bar de invierno. Me he quedado sorprendido al principio, ya que lo hacía más joven: a lo sumo le echaba dos o tres años por encima de los que yo tengo. Aún me quedo más pasmado cuando me dice que en realidad es así y que todavía le falta un tramo para alcanzar la edad del retiro forzoso.

-Pero me voy –se reafirma.images

Le informo, por si acaso no lo sabe, de que va a perder un dineral en la paga que le correspondería si cumplimentara toda su vida laboral. Se encoge de hombros. Sólo se vive una vez, Martín -me ha respondido. ¿Tan harto estás?, le he preguntado, y me dice que un poco sí.

-Echarás de menos la cocina –auguro.

Me mira y empieza a salirle esa expresión que tanto me fastidia, la de cuando pretende denotar que no me entero de nada, que me chupo el dedo.

-¿Quien dice que voy a dejar la cocina? Lo que voy a dejar es de cotizar.

-¿Vas a trabajar en negro?

-Por supuesto. ¿Te extraña?

Se me cae el mundo encima. Lisardo será como quiera, pero no me esperaba esto de él. Se da cuenta y su expresión va variando a divertida a medida que la censura se empieza a dibujar en mi rostro.

-¿Acaso tú sabes cuánto vas a vivir, Martín? ¿Por qué te empeñas en ponerle dinero al Estado cuando igual vas y mañana la espichas? ¿A dónde irá a parar todo lo que hayas acumulado hasta entonces?

No me convence, pero no me da ocasión de decírselo.

-¿Sabes a dónde iría a parar? –me desafía-. Al bolsillo de algún mangante, ten por seguro que es ahí a donde iría a parar. O se lo gastaría el gobierno de turno en cohetes y en vino. Así que me planto, ya he contribuido lo suficiente. Viviré de mis jornales y ahorraré mis impuestos.

-¿Y si te da por llegar hasta los cien años, qué? ¿Con qué te mantendrás entonces? ¿Quién te recogerá de la calle, quien te llevará al médico?¿O pretendes convertirte en un parásito?

Sus ojos ya no son divertidos.

-Martín, estoy seguro de que te creíste de pequeñín aquella farsa de la cigarra y la hormiga, ¿a que sí? Te garantizo que no fueron las hormigas quienes inventaron esa historia. Hasta puede que lo hicieran las cigarras. Y como que ya estoy harto de mantenidos, he decidido dejar de subvencionar a mangantes, ¿me entiendes?

La ira empieza a anegar sus ojos. Me da la impresión de que tras su decisión hay hay algo que no me cuenta.

-Yo conozco a muchas cigarras de dos piernas -prosigue- que se pasan días y días y años y años chirriando en los mentideros, o de fiesta en los puestos de mando. Deserto de subvencionarlos. Y que sepas que la fábula no es más que un engañabobos, que la cigarra no se muere cuando llega el invierno: es uno de los insectos que más años vive. Si no me crees consúltalo en alguna de tus bibliotecas.

Lo haré, pero sigo sin estar de acuerdo con él. Creo que fue con mucho esfuerzo que se hizo el fondo de pensiones y también pienso -por mucho que a veces me asalten dudas cuando leo lo que leo y veo lo que veo- que debemos ser solidarios los unos con los otros. La actitud de Lisardo me parece reprochable, aunque presiento que cada vez hay más escépticos e insumisos sociales. Pero hoy no es día de atizar la discusión. Tal vez mañana.

 

Casablanca

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Día setenta y tres del año nuevo.

cas Curtiz estrena Casablanca en 1942, con música de Max Steiner y una famosísima banda sonora que se recuerda en España por un frase que nunca apareció en la película: tócala de nuevo, Sam. Fue interpretada por Humphrey Bogart, Ingrid Bergman, Paul Henreid, Claude Rains y Dooley Wilson, entre otros.

En plena II Guerra Mundial, Casablanca es el lugar de tránsito de quienes huyen y desean refugiarse encas3 Norteamérica, vía Lisboa. También es la ciudad donde se desesperan, al verse recluidos e imposibilitados de partir. Una pareja de mensajeros alemanes han sido asesinados por un delincuente de poca monta, que se hace con un par de salvoconductos que piensa vender a buen precio. Pero, justo antes de ser detenido, confía los documentos a Rick, el dueño de un popular garitocas2 nocturno. Al poco llegan al local un refugiado y su esposa, que esperan recibir los visados.

Casablanca no es una película bélica, sino un drama negrocriminal que se vacas4 desenredando en medio de una historia de amor y corrupción policial. Es un film imprescindible de ver.

 

 

 

Principiando

Día setenta del año nuevo.

abueloSeis de la tarde y los día ya van alargando. Un hombre me habla.

-Creo que soy bueno para recordar caras, pero casarlas con nombres o asociarlas a lugares ya es otra cuestión, de lo que viene a resultar que sepa que a tal espécimen lo conozco de algo pero a veces no sé de qué en concreto, no porque con la edad me vaya fallando la memoria, pues siempre sé casar la faz de tal o cual individuo con la impresión que me dio antaño y que almacené en el cerebro o al fondo de mi estómago, y llegado el momento soy capaz de recuperar y distinguir si vale la pena volver a dirigirle un buenos días o un buenas noches, lo que incluso me ha hecho intuitivo y ya me pasa con quienes descubro, todo y que soy escéptico y que cada vez me importa menos la gente, aunque de tanto en tanto me lleve alguna sorpresa.  

-¿Siempre ha sido usted así? -meto baza, y el viejo que tengo delante me mira con ojos grises.

-Siempre, y con los años estoy yendo a peor, aunque  resulta paradójico que quienes me rodean dicen que soy un tipo de buen trato, opinión que en absoluto comparto y que incluso miro de no cultivar, de lo que viene a resultar que el número de mis conocidos es amplio, por razones que ahora no vienen al caso, pero mi círculo de allegados, que no amigos, está más parejo con el de vértices de un triángulo que con el de puntos de un redondel, pero aún así aún mantengo cierta expectativa y, a pesar de que usted nunca antes le conocí, aquí estoy dándole cháchara.

La sección de periódicos y revistas de mi biblioteca está plagada mañana y tarde de gente de edad, sobre todo cuando arrecian los rigores del verano o los del invierno. Ahí es donde conozco al curioso octogenario con quien ahora departo, algún día acabaré de relatarles el extraño modo en que principiamos a trabar conversación. Le llamaré Alejandro, por ponerle un nombre. Es de naturaleza solitaria pero de verborrea acelerada y conserva un físico excelente para sus años. No le agradan ni el fútbol del bar ni el dominó ni las cartas del hogar del jubilado, porque para esos lugares se requiere de ciertas habilidades sociales que, como ya se ha dicho, él rehuye. ¿Entonces en qué se distrae?

-Leo.

Me sorprende con esta frase poco más que monosilábica e imagino cuánto se recoge en ella. Lee, me asegura. Empezamos bien.

The Taking of Pelham One Two Three

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Día  sesenta y tres del año nuevo.

pelham5 Godey -uno de los pseudónimos de Morton Freedgood- escribió la novela The Taking of Pelham One Two Three en 1973. En España se publicaría al año siguiente con el título Pelman uno dos tres.

A las 1:23 PM sale un convoy de metro de la estación novayorkina de Pelham Bay Park. Al poco será abordado por cuatro individuos que los secuestraran, desenganchando el vagón de uno de los extremos. Con diecisiete rehenes, reclamarán un millón de dólares a la ciudad de Nueva York.

En 1974 se estrena la película  The Taking of Pelham One Two pelham2 (tambien denominada Pelham 1, 2, 3 y La captura de Pelham 1-2-3). Fue dirigida por Joseph Sargent con guión adaptado de Peter Stone. Fue interpretada por Walter Matthau (interpretando al policía Garber), Roberts Shaw, Martin Balsam, Héctor Helizondo, Earl Hindman (cada uno da vida a uno de los secuetradorres).

En 2009 se estrena otra versión de la novela de Godey, esta vez dirigida por Toni Scott y con guión de Brian Helgeland y John Godey. Apareción con el titulo de The Taking of Pelham 123 (o en pelhamespañol como Asalto al tren Pelham 123, Escape del metro 123 y Rescate del metro 123).  En este caso, Garber es un alto empleado del metro defenestrado por sospechoso de corrupción y lo interpreta Denzel Washingtong, mientras que al jefe de la banda de secuestradores le da vida John Travolta.

La trama es similar en la novela y en los dos films. Las patrullas corriendo vertiginosamente por las calles de Nueva York también son un elemento común, así como el final con el jefe de los asaltantes muerto (aunque en diferentes circunstancias). Por lopelham3 demás, la segunda película se torna más violenta que la primera. Travolta da al personaje que interpreta una mayor visceralidad -rayana en el desequilibrio- que no tiene el pelham4personaje interpretado por Shaw, enfoque probablemente más propio de la forma de hacer cine negro en la actualidad.

Respecto a las películas, ambas son tremendamente dignas de ver.

Porque no engraso los ejes.

Teresa me dice que está tomándole gusto a salir a caminar y me requiere a que lo haga con ella. Yo he de excusarme -de momento- porque una ligera dolencia me tiene apartado de ese ejercicio que tanto me agrada. Se conduele conmigo -son sin un cierto deje de menosprecio, todo hay que decirlo- y aprovecha para contarme cuánto le llena esta nueva actividad; a la que, por cierto, la animé yo a entrar a pesar de sus resistencias.

-En cuanto le has tomado el tranquillo ya vas en automático, y te puedes dedicar adescarga pensar. Es como meditar mientras te da el sol. Si eliges un buen lugar, sin tráfico y sin posibilidad de perderte, sólo has de verificar de tanto en tanto que el ritmo y la respiración son adecuadas, y te lanzas a reflexionar. A mi me va bien para la cabeza y para las gorduras, que a estas alturas hay que mantener a raya.

Le pediría que me especificara si se refiere a conservar la linea o el intelecto -les puedo asegurar que las caminatas son buenas para ambos, y también para olvidar-, pero ella se adentra en otros derroteros sin darme la oportunidad.

-¿Has visto a todos esos que van con los auriculares siempre puestos? ¿Tú te crees que pueden pensar en algo?

No sé qué decirle, yo mismo me había puesto música más de una vez mientras me ejercitaba, incluso lo había hecho al estudiar en mis tiempos mozos.

-A mí me recuerdan a aquel tango -prosigue ella-, creo que es un tango, ¿no?, aquel de los ejes. Por que no engraso los ejes me llaman abandonao, si a mi me gusta que suenen, pa que los voy a engrasar -me canturrea-. ¿Sabes cuál te digo?

Sí, lo sé, y sé a donde va a parar ella. Porque en la tercera estrofa dice algo así como: No necesito silencio, yo no tengo en qué pensar; tenía hace tiempo, ahora ya no pienso más. Aquí les dejo donde pueden oírlo. Y por si acaso le cambio el tema a mi amiga: no quiero profundizar más en sus reflexiones extremistas, ya sé de sobra a dónde conducen.

 

 

 

 

Shanghai

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Día cincuenta y nueve del año nuevo.

shan Hafstrom dirige el neo-noir Shanghai, estrenada en 2010 y protagonizada por John Cusack, Gong Li, Chow Yun-Fat y Ken Watanabe, en sus principales papeles.

La II Guerra Mundial ha estallado hace y más de dos años en Europa y en el sudesteshan2 asiático se viven los inmediatos preludios de Pearl Harbor. Japón ha tomado las principales ciudades de China. Aún no hay conflico armado con las potencias europeas ni con EEUU, y la ciudad de Shanghay está sectorializada bajo la protección de diversos países. En este ambiente, un miembro de los shan3servicios secretos norteamericanos desembarca en la ciudad para contactar con otro agente de inteligencia.  Pero éste ha sido asesinado. Se inicia un investigación para dar con sus asesinos y poner a salvo a sus confidentes, lo que llevará al protagonista a contactar con la resistencia china y con la despiadada policía represión nipona.

Destaca, sin duda, la magnífica ambientación de la época y de la ciudad. Y llama la atención que -al contrario que en otros films sobre el tema- el enemigo no está plagado de perversos absolutos, como se puede observar en el jefe de los servicios secretos japoneses.

Una película digna de ver.

 

¿Aburrirme?

El tiempo vuela y, cuando vas ganando en edad, parece que se acelera. A veces tengo ganas de que llegue el tiempo de aburrirme, por aquello de alargar la calexistencia. Y, sin embargo, se hacen tantas cosas al cabo el día que es imposible caer en el ostracismo. Algunos de entre mis allegados me aseguran que, con la jubilación, el que se aburre es porque quiere, y me enumeran sus actividades: a primera hora, nietos y café; luego, comprar o ver tiendas; después pasear o hacer deporte, o ir a la playa cuando es temporada; comer, o hacer la comida y comer; otra vuelta por ahí, a ver a los amigos; contemplar una película o recorrer las calles viendo cómo evoluciona la ciudad; a media tarde, más nietos (a la hora de la salida del colegio); luego a casa, o a la partida del bar, o a donde sea. Y de vez en cuando viajar (si la pensión nos llega). Los hay que hasta hacen algún pluriempleo -si es que estar jubilado es un trabajo-. De todas estas actividades, hay unas cuantas que, ya de entrada, estoy seguro de que me han de sobrar cuando llegue el momento. Lo cierto es que me aseguran que, contra cualquier pronóstico previo, los jubilados viven una existencia muy intensa.

En definitiva: que no llegaré al aburrimiento, pero el tiempo se seguirá acelerando.

¿Qué ha propiciado toda esta reflexión, a qué vienen estas lineas? A que hace cincuenta y tantos días desde que empezó el año y veo –casi con desesperación- lo parco que soy dando entradas a este blog: ni una sola opinión, ningún artículo, ningún relato. Desde la pasada comida de navidad que, al menos aquí, no escribo nada de nada de nada. Tan sólo he colgado las pequeñas reseñas de las películas que he ido viendo. Mis amigos Lisardo y Teresa también parecen haberse esfumado, tal vez anden de vacaciones.

Y sin embargo he hecho cosas. Un relatito va camino del parecer de unos posibles lectores. Otro –bastante más extenso- ha ido a engrosar mi biblioteca, a la espera de que yo juzgue que es el momento de hacerle ver la luz. He retomado la idea de una tercera historia que de tanto en tanto voy construyendo; y he desechado otra –muy avanzada- que también me ha ido acechando a temporadas. Y así andamos. Cuando tenga más noticias me pondré de nuevo ante el teclado.