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Noches atrás, un exitoso autor -escritor argentino que ejerce maravillosamente toda su argentinidad- me comentaba que el nexo que guía su obra es el tema de la locura. Yo, que lo he leído, esperé a saber a qué venía a referirse; porque, sinceramente, ninguno de sus personajes me daba la impresión de ser un firme candidato a arrebatar a Jack Nicholson la merecida fama alcanzada en Alguien voló sobre el nido del cuco.

descarga (1)Si te fijás -con acento en la a- todos cuantos salen en mis novelas están pirados, aseguró. Y empezó a narrar los rasgos de algunos de aquellos tipos. No se trata se personajes construidos al completo, me dijo, ya que mi intención es que el lector tenga suficiente margen de maniobra tanto para que su imaginación los complete, como para que incluso pueda identificar en ellos a personas de su entorno; o a sí mismo.

Esta segunda característica de su escritura fue otra de las revelaciones de la noche. Pero volvamos a la locura.

¿Tú te crees que es normal un tipo que hace esto, o lo otro, o aquello? Pues no, la verdad, le dije. Pero si te fijás -otra vez acento en la a- todos ellos (sus personajes) son así.

Y sí, lo reconozco -me dije-: todos cuantos andan entre sus páginas tienen un deje de chifladura, por muy respetables que sean en el papel que juegan.

¿Cómo es entonces que resultan creíbles? Esa fue la cuestión que se me suscitó. Y ahí es cuando intervino otro de mis contertulios de esa noche: porque si te lees la prensa a diario, verás que la realidad cotidiana y sus personajes superan a cualquier trama y personaje novelado.