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Leí El nombre de la rosa casi al tiempo que vi la película, no recuerdo qué fue antes. El caso es que ni uno ni otra me decepcionaron. Cosa extraña: por regla general -al menos en mi caso- la película te sabe a poco cuando ya has leído el libro; images (1)o el libro te suena a refrito cuando ya has visto la película. Digo, pues, que la película no mermó a su predecesor -si es que ese fue el intervalo-, o que el libro no deslució al film. De hecho, he leído uno y visto la otra unas cuantas veces; a pesar de que hay diferencias significativas en el desenlace (en la película, el odioso inquisidor debía morir).

Y que la película -todo sea dicho- no abarca más allá de la mitad de la obra literaria: concretamente, la importantísima parte histórica se liquida en un par de planos (alguno hasta jocoso). No es la primera novela a la que le ocurre eso: sin ir más lejos, La novena puerta no pasa de ser El club Dumas mutilado (muy mutilado)pero no por ello dejan de ser magníficos tanto la una como el otro (al menos para mí, ya se sabe que sobre gustos no hay nada escrito).

De Umberto Eco vinieron otras obras: El péndulo de Foucault (con aquellos editores medio timadores), La isla del día de antes (¿de veras creería que cruzando el último meridiano volvería a ayer?) y La misteriosa llama de la Reina Loana. Cito las que he leído.

Y, cómo no, el indispensable e inevitable ensayo en mis tiempos de universid01-pelicula-el-nombre-de-la-rosa-trabalibrosad:Cómo se hace una tesis doctoral.

Vuelvo a El nombre de la Rosa. En ella se reúnen dos de mis géneros favoritos: la novela histórica y la novela negra y policíaca. Sí, negra y policíaca: ¿acaso no hay asesinatos, intriga e investigación? Por haber hay hasta policía: la Santa Inquisición. Y método deductivo -hasta el protagonista es oriundo de Baskerville-. Y novela negra, sin duda: tan negra como la etapa histórica que describe.