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Cuando lo manda el destino no lo cambia el más pintado, si naciste para martillo, del cielo te caen los clavos. Este es uno de los sonsoniquetes que más me gustan de mi época canalla (han pasado muchos años pero me siento casi tan transgresor como entonces, por mucho que lo dude mi amiga Marta).

La cancioncilla 921pedronavajanew–titulada Pedro Navaja, como ya habrá adivinado la mayoría de cuantos lean estas líneas- fue retomada en versión mediterránea por la Orquesta Platería, sobre una composición latina que popularizó Rubén Blades (prolífico cantante que incluso concurrió a unas elecciones presidenciales en Panamá). Pero no nos dispersemos: ni vengo a hablar de Blades ni de salsa stricto sensu, lo que me interesa es la historia en sí.

Unos años después de haberme empapado de escuchar la canción vino a salir una película basada en la misma. No era una gran película, para mi gusto, pero quería dar un sentido a la letra latina. Así, el film concluía con la popular canción escenificada en imágenes del crimen: un Pedro Navaja al acecho con su sombrero de ala ancha de medio lado, y zapatillas por si hay problemas salir volao; una mujer que va recorriendo la acera entera por quinta vez, y que en un portal entra y se da un trago para olvidar; y Pedro Navaja aprieta un puño dentro del gabán, y a la carrera pero sin ruido cruza la calle; y ella, que del viejo abrigo saca un revolver: un 38 smith&wesson del especial, que guarda encima para que la libre de todo mal.

El final es conocido: ella muerta, el muerto… y aquí no ha pasado nada.

La película pretendía explicar quién era aquella mujer y por qué Pedro Navaja había ido a por ella. Una truculenta historia de delincuentes de bajo perfil, de amor y desamor, de corrupción –la corrupción no es un invento de nuestra época, sino que se remonta a tiempos ancestrales-, de celos y de venganzas. Pues bien, una vez comprendido el sentido de la canción merced a los esfuerzos de guionista y director, me quedó un mal regusto. ¿A santo de qué se venía a forzar la historia original para explicarme qué fue lo que pasó, cuando yo siempre lo tuve claro?

Este ejemplo me sirve para considerar con qué motivo se vienen a reescribir no ya las historias, sino la misma Historia: si es más cierto que tal o cual personaje fue bueno o malo; si los próceres revolucionarios eran unos prohombres o unos canallas; si Marx era un demonio porque Stalin lo fue; o si el estado de bienestar era pernicioso y los que creían en él estaban en la inopia o eran unos alienados o unos vagos; si éstos son los clarividentes y aquellos los ilusos; y tantas otras cosas… Curiosamente, no es infrecuente que quienes ayer pregonaban una cosa hoy defiendan la opuesta: a muerte. Lo veo casi a diario y muy cerca de mí.

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ¡ay, Dios!