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Me gustan las obras literarias con un inicio impactante. Considero que un arranque con fuerza incita a seguir leyendo. Para mi gusto, uno de los inicios más prometedores es el de Don Juan Tenorio, obra teatral de Zorrilla. Está Don Juan escribiendo en la habitación de una posada y de fondo se escucha jolgorio de gentes. Nuestro personaje detiene la pluma, alza la vista con Don-Juan-tenoriodisgusto y pronuncia malhumorado:

¡Cuán gritan esos malditos!

Pero, ¡mal rayo me parta

si en concluyendo la carta

no pagan caros sus gritos!

En un santiamén y de la forma más sencilla, Zorrilla nos ofrece cuál es el carácter colérico y bravucón del famoso enamorador. ¡Genial!

250px-El-perfumeOtro principio magníficamente construido es el de la novela El perfume, de Patrick Süskind -luego llevada a la pantalla con gran acierto por Tom Tykwer, para mi gusto- que arranca con el intento de parricidio del neonato Jean-Baptiste Grenouille en mitad de la podredumbre del pestilente mercado del pescado de París, y el subsiguiente ajusticiamiento de su madre.

Se podrían completar estos ejemplos con muchas novelas, obras de teatro, poesías e incluso canciones, y se podría hablar de la importancia de conseguir un buen arranque, y de la manera de hacerlo. Pero por hoy nos quedaremos aquí.