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Es notorio que Alfred Hitchcock era aficionado a aparecer en sus películas, haciendo de extra.balneario Salvando las distancias –en lo relativo al género cultivado y a notoriedad con la que aparecía el director de cine- se asegura qutatuaje1e Vázquez Montalbán también se inspiraba en sí mismo para recrear algunos personajes accesorios de sus novelas. Podría ser el nadador dominguero que, recién arrancada Tatuaje, rescata el cadáver flotante del marinero asesinado. También pudiera ser la antítesis del escritor enclaustrado en El balneario, a quien Pepe Carvallo pregunta por sus fuentes de inspiración. Y el otro (sorprendido porque alguien afirme que las situaciones que escribe debieran ser producto –aunque remoto- de su experiencia y su bagaje) responde categórico que no, que él se lo inventa absolutamente todo; dejando a cuadros al detective.

Creo improbable que uno se lo invente absolutamente todo. Ni siquiera en El señor de los anillos o en Harry Potter o en Avatar. Algo subyace –por muy escondido que sea- en la experiencia vivida por el escritor: aquel momento, aquella chica o chico, aquella sensación, aquel encuentro, aquella historia oída. Con los escenarios puede ocurrir lo mismo. Y, en mi caso, declaro que muchos de los espacios que narro en El efecto dominó, o bien existen o bien se inspiran en lugares de conozco de primera mano. No hablaré de las situaciones ni de los personajes -por ahora-, pero con este post y otros que le seguirán me propongo mostrar al lector los lugares físicos donde pudieran haber acontecido los hechos narrados (o, al menos, los que inspiraron la escenografía).

Y aquí va el primero…

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Antigua pasarela de los año 20 sobre las vías del tren. Al fondo -a la derecha- la que podría haber sido la fábrica de los Daudell. Este es el escenario del tercer capítulo de El efecto dominó. Lugar donde el inspector Navas participa en el operativo antidroga, y donde inesperadamente será hallado el cadáver de un hombre asesinado cuarenta años atrás.