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mirada

Me gusta cuando mis ojos sorprenden la mirada de una mujer y ella los rehúye al instante. Me llena de ilusión. Es una especie de reafirmación: descubrir que aún hay quien te ve, que le podrías interesar a alguien. Me encanta porque yo también lo hago, a menudo.

-Martin, tú eres tonto -los despiadados ojos grises de Lisardo completan el puñetazo que me asestan sus palabras-. ¿No te he enseñado que a una mujer le has de sostener la mirada al menos cuatro segundos si quieres llevártela al catre? ¿De nada te han servido tantas horas de plática conmigo, estúpido?

Qué poco le ha durado el buen humor a mi amigo…