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c14La técnica de datación por carbono-14 permite conocer la edad de un material de origen orgánico en base a la desintegración del carbono por el transcurso del tiempo. Es de la década de los cuarenta del pasado siglo y se la considera como la técnica más fiable, extremadamente útil en arqueología.

Los que ya andamos por la madurez casi colmada poseemos un sistema de datación propio, basado en la memoria por experimentación cabina-de-telefono-2visual: es nuestro particular carbono 14, salvando técnicas y distancias. Así, cuando nos ponemos ante el televisor, somos capaces de calibrar -año arriba, año abajo- en cuál de los últimos ocho lumelenas_pantalones_campanastros se filmó el celuloide, solo con fijarnos en algunos detalles. Que el personaje llama desde una cabina telefónica: la película es, casi con seguridad, del siglo pasado. Que el celular es del tamaño de una caja de zapatos: años ochenta y pico. Que es más reducido pero tiene antena: del noventa y tantos. Y así hasta llegar a los aparatos actuales.

Que las mesas de los computadores asemejan teclados de piano y las unidades centrales de memoria hacen lo que un par de frigoríficos norteamericanos: edad del paleozoico informáticododge-dar. Luego vienen los monitores verde fosforito, los cursormovil-antiguoes parpadeantes del Word Perfect, las pantallas armatoste y, por fin, las planas. Si aparece una máquina de escribir: edad de los dinosaurios, al menos. ¿Y los autos? Un carraco de morro y maletero interminables, o una ranchera, te llevan al Starsky y Hutch de los setenta. Un coche redondito, japonés, es propio de una película norteamericana más actual. También están los pantalones de pata de elefante o los de pitillo, las blusasordenador-antiguo con hombreras o los tops, los cabellos afro o los rapados. Y así con otros pequeños detalles.

En base a ellos datamos, apostamos entre televidentes y luego comprobamos. La frase final suele ser la misma: ¿de cuándo has dicho? Pero si esta peli la vi de estreno, ¿tanto tiempo ha pasado? Y nos quedamos un instante en silencio, suspendidos. Porque, evidentemente, la tecnología avanza;  pero la materia orgánica que somos nosotros se va desintegrando y tiende -tendemos- a la aniquilación.