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domoniCerca de donde vivo hay la tradición de quemar, cada diez de mayo, un monigote que representa al diablo. La suya es una imagen amable, hecha con más o menos gracia y destinada a los más pequeños. Resulta ingente la cantidad de niñas y niños -y otros bastante más creciditos- que se acercan días antes a verlo, erigido sobre la arena de la playa. Muchos dejan a sus pies ofrendas en forma de mini-diablos caseros que también arderán esa noche. La costumbre data de los años cincuenta y no se a ciencia cierta a qué obedece.

El caso es que esta noche -si no hay contratiempo que lo impida- será pasto de las llamas ante una abigarrada multitud que lo contemplará fascinada. Muchos de ellos querrían consumir, también, sus demonios particulares. Yo también quemaré los míos.