Etiquetas

, , , ,

Tuve una amiga en la predolescencia con quien comentaba lecturas. Libros del estilo de Los cinco y otras cosas similares, propias de la edad. No logré traspasarle mi pasión por Julio Verne, pero confieso sin ruborizarme que, animado por ella, llegue hasta a leerme Mujercitas. Su gran contribución a mi acerbo literario llegaría -ya entrados ambos en la quincena- con la novela de la controvertida Francoise Sagan titulada Golpes en el alma, que me regaló para un cumpleaños.

Golpes en el alma es una historia en dos planos. En uno, una pareja de maduros hermanos cínicos y bon vivants se prostituyen, una temporada ella y otra temporada él, para vivir parasitariamente y a dúo de alguien que los mantenga en total desahogo. En otro plano, la autora entremezcla capítulos donde ella misma es la protagonista. La historia concluye con un desenlace luctuoso que propicia el encuentro entre la pareja y la escritora. Es ésta quien pronunciará una frase memorable para mí: se puede vivir solo, pero no se debe dormir solo.

Golpes en el alma es también un hermoso título que bien podría ser el resumen de una vida apasionada. No es extraño que la mencione en una novela que estoy concluyendo. Pero regresemos a mi amiga. Con aquella muchacha tal vez podría haber tenido algo, pero la huella indeleble que me dejaron sus charlas bibliográficas perdurará mucho más que el amor que nos pudiéramos haber brindado.