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El beso del asesino es la segunda película de Stanley Kubrick, filmada en 1955 con sólo 27 años de edad. Una historia sencilla con uno de aquellos inicios que captan tu atención, las reflexiones del protagonista en la estación de ferrocarril, cuando ya casi todo ha acabado: es increíble killer kis pelicomo se puede meter uno a veces en un lío, no poder pensar en ello con sentido común y tampoco poder pensar en otra cosa; te pones de tal forma que no vales para nada ni para nadie; puede que todo empiece por tomarse la vida demasiado en serio, al menos creo que fue así como empezó para mi hace tres días, justo antes de mi combate con Rodríguez.

A partir de aquí se desgrana un thriller plagado de personajes derrotados. Lo mejor, para mi gusto: la nítida fotografía en blanco y negro, con planos que recrean emociones. Muy conseguidos los planos del combate, las ventanas paralelas, las imágenes de la ciudad; la persecución por los terrados y la lucha en el almacén de maniquís, premonitorias del sello especial que el director imprimirá a posteriores films. Todo aderezado por una banda sonora de refuerzo. No en vano, Kubrick fue el cámara, editor y director de El beso del asesino.

Muy recomendable.