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¿A ti no te ha ocurrido que estás conversando con unos conocidos y todos llegáis a la conclusión de que fulanito -casi siempre ausente- es una buena persona? Lisardo me contesta que sí, que en los funerales. No, hombre –trato de ahogar su sorna-. Me refiero a esa gente que está hecha de buena pasta, sin vueltas; gente que nos causa admiración por su integridad y por su rectitud.

De esos bebe haber bien pocos -prosigo-: lo delata la admiración con que los puñalreconocemos. ¿Tan rara avis es la buena gente? Entendámonos, no es lo mismo la gente buena que la buena gente. Seguro que por el mundo circula mucha gente buena, tal vez en la misma cantidad –o incluso más- que el nutrido pelotón de los no merecerían ese calificativo. Los valoramos a diario: son los amigos del trabajo o del club, son los que vienen a tu cumpleaños y al entierro de tu madre, son los que te echan una mano y los te tapan una falta. La gente buena cumple, lo cual no es poco -afirmo.

-Pero la buena gente… ¡esos ya son una pasada!

Lisardo no tarda en darme un revés, al puro estilo que le caracteriza. Mira, chico, no te niego que te topes a diario con muy gente buena; pero si haces balance al irte a dormir verás que… con esos ni fu ni fa; y respecto a la buena gente… pasa por tu vida tan de tanto en tanto, que poco poso te deja. Además -concluye con burla-, cuando te pones en plan plan filósofo te devanas los sesos por cosas que no tienen trascendencia.

No estoy de acuerdo con él, y se lo digo. ¿Qué es lo trascendente para ti?, le pregunto, y un colmillo le asoma por entre los labios.

-A mí los que realmente me importan son los otros. Ojo, no me refiero a esos que están siempre cabreados (como yo, por ejemplo), ni a los que les corroe la envidia, o a los que te pisarían el cuello para subir por encima tuyo; yo te hablo de la gente mala –enfatiza-: la mala con mayúsculas. Esos tipos a los que un día se les saltó una tuerca en la cabeza, o a lo mejor ya nacieron sin ella –asegura-, y que te harán la vida imposible porque sí, porque son malos. Esos son los que me preocupan.

Se me hace evidente que mi amigo se ha topado a lo largo de su vida con más de uno, y yo me paro a recordar si me he visto alguna vez en el mismo caso. Seguro que también.