Etiquetas

, , , , , ,

libros - copiaEn algún lugar he escrito que para elucubrar una historia resulta conveniente llevar a acabo una labor anterior de captación. Lo que en mi caso se traduce  -en parte- en ser fisgón. En la misma conversación mantenida días atrás, un autor me decía que él primero concibe la historia y a continuación recrea los personajes. Admito que eso debe ser lo ideal. Veamos, no obstante…

En El efecto dominó primero nació la idea y la trama fue creando a los personajes. Mateo Navas es un inspector de policía de los años ochenta que ingresó en el cuerpo durante la transición. Pese a su más o menos reciente ingreso, ya está quemado (algún día les hablaré en estas páginas del síndrome del policía quemado). Para recrearlo físicamente me serví de un miembro del Cuerpo Superior de Policía con quien trabé amistad precisamente en la segunda mitad de la década, que es cuando se sitúa la ficción. Algunos personajes adyacentes tienen también su referente en carne y hueso: el concejal Miguel Ruano tal vez sea quien más refleja a su original; el periodista Eguiguren; el inspector jefe; etc… Otros se construyeron ex novo, a partir de trozos de cuantas gentes vas conociendo en la vida. Sea como fuere, en El efecto dominó  primero fue la historia y después vinieron los intérpretes.

Sin embargo, en No hay lugar para la poesía las cosas acaecieron algo distintas, al menos de matiz. Sin duda que un día germinó la idea que nace de cuestionarte aquello de ¿y si se produjera un hecho así, tú que crees que pasaría a continuación?, la cual antecede a la historia. Sin embargo, aquí saltaron a la palestra los personajes incluso antes que la trama. Tenías ganas de escribir algo protagonizado por un abogado. No puedo decir que haya conocido a Santiago Morilla, pero sí que existe una persona real sobre la que hacerme una idea, al menos física. No obstante, a pesar de las marcadas diferencias entre el modelo y el abogado de mi novela, cada vez que pensaba en él veía al original: Morilla también es un buen profesional y una persona empática. El resto se debe a la conveniencia de la trama.

Puedo afirmar que me agradaría tener a un Morilla como amigo. Respeto a Beatriz, también existe una persona base sobre la que se crea el personaje. Lo mismo ocurre en cuanto a Pedrosa, y también conocí en una ocasión a alguien próximo al detective Román (por ello me he permitido escribir un relato de sus andanzas). Sin duda que ellos, los personajes, no escribieron la novela -las novelas no se escriben solas-, pero hicieron que se plantearan determinadas situaciones y que la trama girara con ellas.

También podría hablar de por qué nacieron estas historias, qué fue lo que me lanzó a concebirlas, pero lo dejo para otro momento.