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diarioCorría el verano de mil novecientos noventa y poco. Durante una semana, un periódico que me hacía gracia por aquel entonces publicó por entregas una novelita al modo de los tabloides decimonónicos. Yo la fui siguiendo a diario, tumbado al borde de la piscina. Me gustó la novelita y también el modo en que se me ofrecía, una novedad para mi.

Han pasado los años y aquella historia acumula trienios en mi librería: me la compré en formato estándar, al poco. He leído mucho del mismo autor, que se ha posicionado -como escritor- en un buen lugar entre mis preferidos. Del diario… en fin. Pero de lo que nunca he vuelto a saber -corríjanme si me equivoco- es de periódicos que hayan publicado novelas por entregas: ni en papel ni en digital. Y lo echo de menos. Ojeando el diario podríamos comprobar, cada mañana, si es cierto aquello de que la realidad supera a la ficción.