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Mi amiga Teresa, una dama de éxito de quien ya les he hablado, tuvo una hija tardía que ahora está en los trece o catorce años. Muy anteriormente ya había quedado embarazada, pero valoró que aún no era el momento; yo no la juzgo. Quién si que parece hacerlo es esa única vástaga suya, ya sea por verse sola el día de mañana -sin más hermanitos- o por convicciones morales o por llevarle la contraria, que para ello está en la edad.

-Yo nunca podría deshacerme de una vida -me afirma una tarde.

Su madre está presente, al igual que mi amigo Lisardo, aunque por una extraña casualidad ya que no se tragan entre ellos. A pesar de ser una mujer bastante agresiva en según qué cuestiones, Teresa calla y enrojece.

-Para evitar esos accidentes hay medios -prosigue la chiquilla con la rotundidad de la primera edad, y yo tomo nota de que ha dicho accidentes-. Por ejemplo, una buena educación sexual, ayudas, castidad… Pero eso de meterte a un quirófano así, sin más… Hay que aceptar las cosas como te vienen, algún sentido tendrán, ¿no te parece?

Me mira recabando mi opinión en tanto Teresa toma el móvil, nerviosa, por tener algo entre las manos. Ya he dicho que yo no voy a entrar en juzgar a nadie, allá cada cual con su conciencia y con su salvación, si es que cree en alguna de ellas. Pero quién no se calla es Lisardo.

-Imagínate que tienes un accidente de tráfico -propone un ejemplo a la muchacha-. Podrías haber tenido más cuidado, seguro que sí. También pudiera ser que te atropellaran sin culpa por tu parte. Pero si ocurrió fue porque algo, humano o divino, se confabuló para que tú te quedarás coja o lisiada para siempre. Habrías de aceptarlo. ¿Por qué entonces trata la ciencia de enmendar ese accidente? ¿No deberías resignarte y amoldarte a tus nuevas posibilidades?

Lisardo ha estado muy comedido para como es habitualmente. No creo que haya convencido a la muchacha, pero sí  que veo en los ojos de Teresa un punto de gratitud, incluso de ternura hacia este hombre a quien de ordinario detesta.

Gratitud y ternura que -lo sé- no durarán más de lo que tarde en producirse la primera desavenencia futura.