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Me gusta Cristina Fallarás como escritora, ya lo he dejado escrito con anterioridad. En cuanto a otras facetas, sequeue_photo podrá estar o no en acuerdo ideológico con ella, pero defiende sus ideas con ahínco. Cada cual que opine lo que quiera, éste también es un país libre. ¿Por qué digo ésto? Porque algunos de sus twitts me han recordado una escena de mi acontecer cotidiano. Hoy nos hemos vuelto a reunir Lisardo, Teresa y éste su seguro servidor. Últimamente mis dos amigos prodigan su compañía, desde el asunto con la niña de Teresa. Quién sabe, hasta he albergado la esperanza de que acaben haciendo buenas migas entre ellos, incluso que lleguen a quererse, hasta a liarse… cosas más difíciles se han visto.

Hemos departido sentados a la barra del bar del centro comercial. Justo enfrente de nosotros quedaba la línea de cajeras de un supermercado. Teresa contemplaba a media docena de mujeres afanadas en cobrar a la clientela, que ha ido dejando su compra sobre cada cinta móvil. Se fijó en las trabajadoras.

-¿Os dais cuenta de que la cosa va mejorando? –señaló a las empleadas-. Esas mujeres estarán entre los cuarenta o cincuenta años, ¿lo veis? Todas son de aquí y seguro que todas están consiguiendo reincorporarse al mercado de trabajo, ya tan mayores. ¿No es bonito y esperanzador?

Lisardo, que también se desenvuelve en el sector de los servicios –ramo de la hostelería, sección fogones- ya ha observado que algunos nichos laborales vuelven a estar ocupados por gente del país. Yo también lo he apreciado en otros sectores: por ejemplo, en el de la seguridad privada. Pero Lisardo no alcanza a ver una situación tan halagüeña como la descrita por Teresa.

-A mí –principió con desdén-, lo que me parece es  que ya se han rebajado tanto los sueldos y los derechos que no es preciso esquilmar a otros: con los del país basta. De momento.

Jarro de agua fría sobre Teresa, que se ha revuelto. ¿En qué basas esa afirmación? -le ha retraído ella con sequedad-: ¿qué datos empíricos manejas? ¿o sólo hablas a ojo de buen cubero, como siempre? Mejor ojo que el tuyo –le responde él-: ya se sabe que el ojo de los bienestantes siempre engorda al caballo. ¿Tú que sabrás? –contraataca ella-; agradecidas estarán por esta oportunidad. Qué bella que es la vida cuando no se la padece –él la remata con desdén. ¿Acaso lo vuestro era mejor, comunistazo? –le suelta mi amiga con saña, sin querer apreciar que Lisardo ya hubo de dejar su este de Europa –de donde es autóctono- bastante antes de la caída del muro. Explotadora, la reprocha injustamente Lisardo. Retrógrado, contesta ella con ferocidad.

La situación ha trascendido a lo personal y he tratado de poner paz. Cesan los reproches pero se cruzan miradas de fuego. Y yo me digo que cualquier consideración mía anterior no ha sido más que un puro espejismo, que éstos no habrían de llegar juntos y en armonía ni a la vuelta de la esquina.