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nuvolsParece que el año nuevo sea el momento de los propósitos. Yo prefiero hacerlos cuando se inicia el curso, y ese momento –en estas latitudes- es ahora. Supongo que cada uno de los que gustamos de garabatear tenemos nuestra mejor época para dedicarnos a esta afición. La mía -para arrancar proyectos- se inicia sobre estas fechas. El paso del verano al otoño me parece el momento adecuado, sin duda por contagio de cuando retomábamos las clases tras las vacaciones estivales. Así que me siento al ordenador, pongo mi música favorita, enciendo mi velita, prendo una varilla de incienso y me pongo en modo escritor.

Repaso. Sigo viendo viajar a mi última novela mientras otra me espera ya hace tiempo, deseosa de que la desbaste llevándola desde el mundo de las ideas al del papel impreso. A otro relato –éste más avanzado- le acontece lo mismo. Quedan muchas películas por ver y comentar en mi blog y muchas lecturas por hacer. Mis imaginarios amigos de andanzas –Lisardo, Teresa y mi propio alter ego– quieren que hable de ellos: de cómo se lo han pasado este verano, de sus cuitas, de cómo ven la vida…

Mientras, los días decaen. Llueve tras los cristales y la temperatura desciende. Suena el jazz en mi cuarto. Las horas se hacen más tranquilas. Apetece estarse en casa, acompañado o escribiendo.