El tiempo vuela y, cuando vas ganando en edad, parece que se acelera. A veces tengo ganas de que llegue el tiempo de aburrirme, por aquello de alargar la calexistencia. Y, sin embargo, se hacen tantas cosas al cabo el día que es imposible caer en el ostracismo. Algunos de entre mis allegados me aseguran que, con la jubilación, el que se aburre es porque quiere, y me enumeran sus actividades: a primera hora, nietos y café; luego, comprar o ver tiendas; después pasear o hacer deporte, o ir a la playa cuando es temporada; comer, o hacer la comida y comer; otra vuelta por ahí, a ver a los amigos; contemplar una película o recorrer las calles viendo cómo evoluciona la ciudad; a media tarde, más nietos (a la hora de la salida del colegio); luego a casa, o a la partida del bar, o a donde sea. Y de vez en cuando viajar (si la pensión nos llega). Los hay que hasta hacen algún pluriempleo -si es que estar jubilado es un trabajo-. De todas estas actividades, hay unas cuantas que, ya de entrada, estoy seguro de que me han de sobrar cuando llegue el momento. Lo cierto es que me aseguran que, contra cualquier pronóstico previo, los jubilados viven una existencia muy intensa.

En definitiva: que no llegaré al aburrimiento, pero el tiempo se seguirá acelerando.

¿Qué ha propiciado toda esta reflexión, a qué vienen estas lineas? A que hace cincuenta y tantos días desde que empezó el año y veo –casi con desesperación- lo parco que soy dando entradas a este blog: ni una sola opinión, ningún artículo, ningún relato. Desde la pasada comida de navidad que, al menos aquí, no escribo nada de nada de nada. Tan sólo he colgado las pequeñas reseñas de las películas que he ido viendo. Mis amigos Lisardo y Teresa también parecen haberse esfumado, tal vez anden de vacaciones.

Y sin embargo he hecho cosas. Un relatito va camino del parecer de unos posibles lectores. Otro –bastante más extenso- ha ido a engrosar mi biblioteca, a la espera de que yo juzgue que es el momento de hacerle ver la luz. He retomado la idea de una tercera historia que de tanto en tanto voy construyendo; y he desechado otra –muy avanzada- que también me ha ido acechando a temporadas. Y así andamos. Cuando tenga más noticias me pondré de nuevo ante el teclado.

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