-Hubo un tiempo en el que me dio por leer a Baltasar Gracián, a su Oráculo manual y arte de prudencia. Era cuando quería medrar y veía mi camino a la fama plagado de enemigos. Me pareció que las enseñanzas de Gracián me podían ser útiles.

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es maqui.jpg

Es Teresa -¿quién si no?- la que me hace la confidencia. Podría decirle que yo también lo leí en otro tiempo, pero prefiero no cortarle el arranque y la escucho.

-También tuve como libros de cabecera El arte de la guerra de Tsun Zu y otro librito homónimo de Tsun Bin. Y Nicolo Maquiavelo me era tan admirado que viajé a Florencia solo por ver su tumba, en la Santa Croce.

Yo también la he visto, le digo.

-Pero tú -me responde- lo habrás hecho por turismo y porque al lado está la de Davinci. 

Si tú supieras, pienso.

-¿Qué queda de todo aquello? -prosigue-. Te lo diré rápido y conciso: nada, no queda nada. Sólo un vacío, la desilusión de haber perdido el tiempo.

Me miro a Teresa y luego vuelvo mis ojos a estas líneas. Y me preguntó si está mujer que he creado no se me estará desdibujando en demasía.

En fin, mañana será otro día.

††††