Rope

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Hitchcock estrenó Rope (también titulada La soga y Festín diabólico, en castellano) en 1946, sobre una adaptación de la obra de teatro del mismo titulo escrita por el dramaturgo y novelista Patrick Hamilton el año 1929. Sus protagonistas principales fueron John Dall, Farley Granger y James Stewar.

La soga se aleja de los principios de la película próxima a la novela enigma, ya que desde la primera escena se sabe quién ha cometido el crimen. Todo el film girará en torno a saber por qué ha habido un asesinato y si los asesinos serán capturados. Aunque la obra original es anterior a la II Guerra Mundial, no hay que olvidar que se estrena cuando en Nüremberg se está juzgando a los responsables del aniquilamiento de millones de personas en los campos de concentración, a causa de su inferioridad étnica.

Dos antiguos estudiantes matan a un compañero de facultad para experimentar el placer de haber aniquilado a alguien a quien consideran inferior, basándose en las teorías del superhombre de Nietsche, aprendidas de uno de sus profesores. Luego esconden el cadáver en un arcón y sobre él celebran una cena a la que asistirá ese mismo profesor.

La película adquiere un formato escénico que responde, sin duda, a sus orígenes de obra de teatro. Hay un solo escenario con dos habitaciones que se alternan, y planos de larga duración. La entra y salida en escena de los personajes recuerdan al modo en que se hace en las obras teatrales.

Fue, también, la primera película en color del director, y la número treinta y ocho de su carrera cinematográfica.

Digna de ver.

The 39 steeps

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Alfred Hitchcock dirigió películas que se estrenaron entre 1925 y 1976. Se le puede considerar el padre del suspense cinematográfico. En 1935 presentó The 39 steeps, estrenada en español con el título de Los 39 escalones. Estuvo basada en la novela del mismo título del escritor John Buchan. Sus protagonistas principales fueron Robert Donat y Madeleine Carroll.

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En una Europa anterior a la II Guerra Mundial, una organización de espías, que actúan en Inglaterra, pretenden hacerse con una valiosa información que afectará negativamente al potencial bélico británico. Un ciudadano canadiense se verá accidentalmente involucrado en la acción, y acusado del asesinato de una mujer que es agente de inteligencia y ha descubierto el complot. A partir de ese momento deberá huir tanto de la policía como de la organización criminal. En su camino se cruzará una muchacha que deberá ayudarle, en contra de su voluntad.

En The 39 steeps se entremezclan el suspense e intriga con no pocas escenas de humor, creando un grato ambiente de aventura.

Digna de ver.

Stranges on a train

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Alfred Hitchcock presentó en 1951 el film Stranger in a train, estrenada en castellano con los títulos de Extraños en un tren y Pacto de silencio. Sus principales protagonistas fueron Farley Granger y Robert Walker.

Dos personas con problemas familiares se encuentran en un tren. Uno propone al otro librarle de su esposa -de la cual lleva tiempo separado- y a su vez será correspondido por el otro, que acabará con su padre. La esposa es asesinada, pero el otro individuo -que nunca se tomó en serio la propuesta- no cumple a la recíproca.

En Extraños en un tren se conjugan varios factores de éxito, entre los cuales es obligado destacar que la película se basó en la novela homónima de Patricia Higshmith y que en el guión participó el también novelista Raymond Chandler. Afirmo que se nota cuando una película se basa en una novela: se ve en lo original y en lo cuidado de la trama.

Una película imprescindible.

Tardes de verano.

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-Llegamos hace medio siglo exacto, con la esperanza de una mejor vida y un buen futuro para los hijos.

Es el octogenario Alejandro quien me cuenta acerca de su pasado, sentados en una mesa del bar. Él no es propicio a las cervezas –algún fallo había de tener este hombre- por lo que hemos pedido un par de cafés y él un vaso de agua también, a la francesa.

-Primero me vine yo y enseguida mi mujer y el hijo mayor. Los más pequeños nacerían ya en esta tierra.

Sé que es viudo, pero de su prole nunca me ha hablado. Otro día tal vez abordemos el tema con más profundidad.

-Tuve el acierto y la suerte de instalarme en un barrio con no demasiados conflictos, y los chicos me crecieron bien. Les dábamos pocas distracciones porque tampoco disponíamos para muchos gastos. Cuando llegaba el buen tiempo salíamos a merendar al campo, que en realidad no eran más que unos terrenos agrestes a las afueras, donde después harían un polígono industrial. Nos llevábamos pan, algo de chorizo y una tortilla de patatas, y refrescos y una bota de vino. A veces se nos juntaba algún vecino, también con su chiquillada harta de estar encerrada en un piso angosto. Nos tumbábamos encima de unas lonas que no sé de donde habríamos sacado. Allí pasábamos la tarde, de charla mientras los críos corrían y jugaban. Recuerdo que los veranos eran aún más deliciosos: había hasta playa. En fin, lugares gratis donde ir a pasar el día. No acabábamos de ser felices, pero a ratos nos lo parecía.

Ayer estuve en la playa y a mi alrededor se oían castellanos embellecidos con diferentes acentos. Familias con neveritas y tápers que también habían salido a pasar la tarde al más módico precio posible. Ahora siento que nuestra especie apenas ha evolucionado en cincuenta años.

A vueltas y revueltas con Teresa.

-Hubo un tiempo en el que me dio por leer a Baltasar Gracián, a su Oráculo manual y arte de prudencia. Era cuando quería medrar y veía mi camino a la fama plagado de enemigos. Me pareció que las enseñanzas de Gracián me podían ser útiles.

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Es Teresa -¿quién si no?- la que me hace la confidencia. Podría decirle que yo también lo leí en otro tiempo, pero prefiero no cortarle el arranque y la escucho.

-También tuve como libros de cabecera El arte de la guerra de Tsun Zu y otro librito homónimo de Tsun Bin. Y Nicolo Maquiavelo me era tan admirado que viajé a Florencia solo por ver su tumba, en la Santa Croce.

Yo también la he visto, le digo.

-Pero tú -me responde- lo habrás hecho por turismo y porque al lado está la de Davinci. 

Si tú supieras, pienso.

-¿Qué queda de todo aquello? -prosigue-. Te lo diré rápido y conciso: nada, no queda nada. Sólo un vacío, la desilusión de haber perdido el tiempo.

Me miro a Teresa y luego vuelvo mis ojos a estas líneas. Y me preguntó si está mujer que he creado no se me estará desdibujando en demasía.

En fin, mañana será otro día.

††††

Dial M for Murder

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Alfred Hitchcok estrenó Dial M for murder en 1954, basada en una obra de teatro del mismo título aparecida en cartelera dos años antes. Le película también fue denominada, en sus versiones en español, como La llamada fatal, Con M de muerte y Crimen perfecto. La protagonizarían Ray Millang, Grace Kelly, Bob Cummings y John Williams.

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Un tenista retirado vive a expensas de la fortuna de su esposa. Un día descubre que ella tiene un amante y, temeroso de perder su sustento, hace firmar a su mujer un testamento donde él recibirá toda la herencia, y luego planea el minucioso asesinato de ella. Algo falla, como siempre ocurre, y la esposa da muerte a su asesino en legítima defensa. Pero el marido traicionero se las ingenia de modo que ella resulte condenada a muerte.

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Una película digna de ver, que inaugura este mes de julio dedicado al gran director del suspense.

Un grupito.

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Por fin he inaugurado de todas todas la temporada playera. Un tanto tarde, La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es terraza.jpgpor desgracia, ya que los meses de mayo y junio nos han sido indiscutiblemente adversos. Para desquitarme me he pasado los dos días del último fin de semana alternando entre la toalla de la playa y el chiringuito de las cervezas, con sus respectivos y consiguientes estragos. Mi amigo Alejandro, que ronda los ochenta, ha preferido la montaña, y hoy lo comentamos.

-Entre paseo y paseo descubrí la terraza de un hotel rural, donde me estuve deleitando con dos de mis grandes aficiones: observar y poner la oreja -me dice.

También son las mías -ya lo saben ustedes-, por lo que sigo con interés sus palabras.

-La conversación de un grupito de chicos que se sentaban a mi lado me hizo reflexionar -prosigue-. Pero, antes de entrar en materia, voy a describírtelos.

Alejandro había contado a media docena de hombres y a dos mujeres, todos más o menos próximos a la treintena, aunque sin alcanzarla. Un somero y entrenado vistazo le dijo que no había parejas entre ellos, que todos eran amigos y ya está. Lo cual no es poco. Conversaban y él – fisgón empedernido- les escuchaba. Uno de los chicos relataba aventuras y desventuras anteriores. Contaba que, junto a otro amigo, anduvo por un refugio de montaña todo un largo puente, ya hace algún tiempo, y que coincidieron durante varias jornadas con cinco muchachas. Se las debieron prometer muy felices los dos, en cuanto a escarceos nocturnos. Pero al concluir la segunda noche aún no habían anotado ningún tanto en el marcador. ¿Qué estamos haciendo mal?, se preguntaron. Por fin se percataron -con algo de vergüenza, por lo que dijo el chico- de que los hombres no eran el objetivo de sus compañeras de estancia, en cuestión de género.

En otros tiempos, según mi amigo Alejandro, del grupito hubieran brotado risas, mofas y comentarios soeces: de todo él, incluidas las chicas. Pero nadie lo hizo, ni siquiera el muchacho que narraba la jugada. Lo hacía con pesar, sí, pero con la mayor tolerancia.

Pero lo que me dejó a cuadros fue cuando las dos chicas que le escuchaban -primero la una y luego la otra- afirmaron que ellas también habían buscado en una ocasión un escarceo homosexual es sus vidas. Cada una por su cuenta y como por probar, aseguraron.

Mi amigo Alejandro y yo -con quien me encanta mantener platicas- nunca hemos hablado de política ni de temas de esta otra naturaleza. De inmediato me he puesto en guardia, al entrever hasta dónde podía llevarnos esta conversación de hoy. Sinceramente: puede que ya se me haya pasado el arroz de percibir con naturalidad cualquier tipo de relación -la herencia cultural es aplastante, qué le vamos a hacer-, pero no dejan de molestarme las actitudes homófobas. Me molestan tanto como las fascistas y, francamente, en estos últimos tiempos las veo venir bastante parejas.

-Ya soy muy mayor -me dice Alejandro, a su vez-, y he vivido mejores ocasiones y también peores. Pero era la primera vez -me segura- que oía hablar así de relaciones, y eso me ha reconfortado. Cosas como ésta son las que te reconcilian con tu especie.

Yo, la verdad, respiro aliviado. 

 
 
 

Murder by Death

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Murder by Death no es un film negro. Se trata, sin duda, de una divertida comedia que cadaver2sigue los patrones de cierto género de películas aparecidas entre la segunda mitad de los años setenta y siguientes (como Aterriza como puedas o Top Secret). Pero, no obstante, contiene todos los ingredientes de la filmografía detectivesca próxima a la novela enigma.

Murder by Death fue dirigida por Robert Moore y estrenada en 1976, también bajo los cadavertítulos en español de Un cadáver a los postres y Crimen por muerte. Contó con un elenco impresionante de actores: Peter Seller, Peter Falk, David Niven, Nancy Walker, Alec Guinnes y el escritor Truman Capote.

El dueño de una mansión tenebrosa invita a un grupo de detectives de fama mundial -todos parodian a archiconocidos protagonistas de la novela negra- a pasar una noche en su casa. Allí deberán descubrir quien es el asesinocadaver3 de un crimen que aún no se ha producido. Al final, el enigma se resuelve al estilo de las novelas de Agatha Christie, con una sucesión de hipótesis y revelaciones que, aquí, adquieren un lógico componente hilarante.

Muy digna de ver, una y varias veces.

Que Dios nos perdone.

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Rodrigo Sorogoyen dirigió Que Dios nos perdone, película estrenada en 2016. Fue interpretada por Antonio de la Torre, Roberto Álamo (que recibiría un Goya por su interpretación) y Luís Zahera, entre otros.

Una pareja muy característica de detectives trata de atrapar a un asesino en serie que viola ancianas antes de darles muerte . Uno de los policías es un hombre violento -a modo de una especie en extinción en los cuerpos de seguridad español, y más propio de otros épocas- y el otro en un hombre que ha sufrido un trauma y se comporta como un obseso sexual, amén de ser tartamudo. Esta pareja sufre mil vicisitudes, incluyendo la expulsión del Cuerpo de uno de ellos.

Finalmente, el asesino será atrapado, pero por cauces más propios de películas del tipo Harry el sucio que no por los méritos detectivescos de los protagonistas.

On the Waterfront

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Día ciento cincuenta y seis del año nuevo.

El director Elia Kazan estrena On the Waterfront en 1954, que también parecería en las pantallas leycon los títulos Nido de ratas y La ley del silencio. Fue interpretada en sus papeles principales por Marlon Brando, Eva Marie Santi, Karl Malden, Lee J. Cobb y Rod Steiger. Obtuvo ocho premios Oscar, entre ellos al mejor director y mejor actor principal.

Los muelles de nueva York están controlados por una mafia que contrata a los estibadores, permitiéndoles o no trabajar en ellos. No dudan en emplear la violencia y exigen el cumplimiento de la ley del silencio.

Un ex-boxedor frustrado es utilizado para llamar la atenciónley1 de un estibador rebelde y así eliminarlo, todo a cambio de un buen puesto en los muelles. Pero al poco se enamora de la hermana del fallecido y conoce a un sacerdote que inicia una ley2batalla contra los matones, movilizando a los estibadores para que se subleven y acudan  los juzgados a denunciar lo que sucede.

Una película muy digna de ver.